Aurora boreal

Enséñame a no mirarte

El oxígeno en mis pulmones permanece enrarecido desde la primera vez que descubrí que no sólo mis emociones podían causar un cambio drástico en la química de mi cuerpo. En realidad, hasta la fecha, mis emociones siguen siendo protagonistas, causa y consecuencia de los malviajes de mis hormonas.

Voy buscando rincones de paz en los cuales pueda, si no limpiar el aire de mi cuerpo, al menos ofrecerle la oportunidad de convivir con algo que no sea una cortina de plastilina empolvada. A veces se me olvida que mientras más tiempo pase en esos rincones, es mayor la posibilidad de que el aire de ese lugar se contagie de mi polvo.

En uno de estos viajes, me encontré con una aurora. Con tonos más morados y azules que verdes o amarillos. Ella no era consciente de la intensidad de sus colores, pero era tanta que mis pulmones jamás podrían deslavarla… Incluso ahora que detesto verla.

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un día descubrí

que mis pasos ingrávidos

preferían surfear los cielos grises

por más que mi retina preservara

rincones soleados

la calma no es tan seductora

como lo es el trueno

con torpeza

encontré tu aurora

como quien halla un hilo suelto

que le indica el camino fuera del laberinto

y descubre que la salida en realidad es la entrada

de un pulso aterciopelado

morado, azul verdoso

la astenia me arroja

por espirales

y mis pies se encandilan por tus muros

si pudiera,

rasparía de tus paredes la estricnina

que te vuelve inefable en el recuerdo

fuerte

persistente

frágil

y poderoso

como una extensión del potencial de tu ser

 

la calma no es tan seductora

como lo es el trueno

y tu aurora boreal es un entramado de relámpagos.

 

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