Casanova, Sade y parkour

La filosofía del traceur, practicante del parkour, se basa en estar en continuo desplazamiento. Caminar del punto A al punto B, para cualquier otra persona, sería equivalente a seguir una línea recta, respetando lo que se nos ha dicho que es el camino y manteniéndonos dentro de las paredes, a un nivel de suelo seguro sin otra motivación para movernos que la de llegar al punto B lo más rápido y “correctamente” posible. Por supuesto, lo correcto no depende de nosotros sino de lo céntrico del momento, la convención social en turno. En cambio, para el traceur no hay línea recta: las paredes se vuelven puntos A y puntos B, lo interesante del desplazamiento no es la seguridad, sino la intriga de reconocerse como parte de un mundo con valores invertibles.

Casanova sería el perfecto traceur.  En sus Memorias…  lo encontramos constantemente viajando. Concretiza sus vivencias de tal forma que nos quedamos sólo con actos. No hay intenciones pretenciosas ni especulaciones: las cosas son lo que son. Cuando Casanova se ha visto en alguna situación que pretende acorralarlo en un camino que aparenta movimiento, pero que al ser en línea recta es similar a permanecer estático, él comienza a planear estratagemas y salta sobre las paredes (o sobre los tejados) para poder “ser y durar”.

No hay competencia ni peligro. Sí hay gozo y la idea de una individualidad que puede negarse a ser arrestada por su propia voluntad y que de alguna manera nos remite a su percepción del placer: aquél producido por el encuentro entre personas; la coexistencia formalmente representada por la cantidad de diálogos que hay por lo menos en el primer tomo de sus Memorias… . No hay cosificación ni posesión. Todo acto que pretenda privar a otro ser humano de sus libertades mediante el uso de la fuerza, no puede desembocar en placer genuino.

En cuanto a Filosofía en el tocador de Sade, las paredes que brinca son las de la privacidad y la moralidad. Los mismos personajes, quienes concluyen en el texto que la moral es algo relativo que puede variar de región a región, son traceur y traceuses que  emanan movimiento aunque el aprendizaje se dé en el tocador. Eugenia, la mujer que lleva bondad en el nombre (ser “sádico” debería de ser sinónimo de “irónico” y no de “perverso”), busca ser “educada” para convertirse en libertina. Desde el momento en el que toma el tren muy a pesar de las negativas de su madre, Eugenia ya se encuentra saltando una pared. El placer en Sade no debe verse como una perversión por perversión, el discurso que hay detrás no sólo hace una crítica a la educación y el conocimiento (que va más allá de un estudio pasivo y epidérmico) sino de las intenciones antinaturales del hombre de reprimir sus deseos y seguir un camino artificial.

El lazo entre Sade y Casanova es esa negación a dirigirse del punto A al punto B por una ruta que otros han creado. Ellos juegan con las líneas y los puntos porque eso es lo que naturalmente tendría que pasar: no hay paredes, sólo falsos obstáculos que, al ser saltados, crean su propio camino.

Sabiendo esto, ¿te atreves a ser sádico como todo un casanova?

 

 

Nota al margen:

En mi caso particular, no recuerdo con exactitud el momento en el que comencé a saltar paredes (o si todavía no lo hago en realidad). Probablemente se ha dado de manera natural. Progresivamente me descubro a mí misma incapaz de mantenerme bajo aristas y construcciones del “deber ser”. Creo cajas para destruirlas y para crear nuevas a partir de los restos. No pretendo encajar, no pretendo que nadie me entienda más allá de las limitadas etiquetas en su vocabulario y experiencias.

 

No soy quien quieres que sea. No soy algo que te hayas encontrado antes. Me pierdo en este divagar doloroso y me vuelvo a encontrar, pero al menos reconozco las huellas que mis pies dejan en arena ajena. Y sé que ha valido la pena. Sé que volvería a saltar esa pared desconocida para llegar a ti. Me aceptes o no.

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