Horror Vacui

La única certeza es el final de todo y la única constante es esta ambición de algo más.

Comienzas la vida cumpliendo expectativas: se te espera saliendo del vientre después de cierto tiempo, de cierta manera, con cierto peso, de cierta longitud, llorando. Se espera de ti salud, ternura y necesidades. Se espera de ti que cumplas con la estructura de la vida como si de respirar se tratara. Te condicionas a tu contexto. Te autoengañas: las creencias de tu entorno, método educativo, alimentación, vocabulario, vestimenta, forma y finalidad de coger, etc. se adaptan a los demás y creces creyendo que incluso los castillos más artificiosos de la rutina son algo natural. Que las injusticias y la obediencia son algo natural. Que la violencia a tu alrededor es algo natural. ¿Lo son? Manifestarás el conflicto de manera personal en esferas pequeñitas de tu vida. En tu forma de amar, por ejemplo.

Me verás exigiéndote atención, tiempo y compromiso. Si te veo fallar, cada día la exigencia y el desdén con el que te trate serán mayores. No es por ti. No te sientas responsable más allá de aquellas necesidades que humanamente debas cubrir. Todo es simplemente la proyección de este vacío: un agujero negro que carece de sentido. Un agujero que ha nacido a partir del choque de paradigmas constante que involuntariamente acontece en mi vida cada vez que me rodeo de gente nueva. Intento solventar el vacío haciendo conscientes mis cambios. Mi último recurso es alejarme antes de que mi identidad se vea involucrada. No va chido, pero va. Y eso ya es algo. Es posible que si renuncio a un aspecto de mi vida, renuncie a los demás. ¿Me has visto renunciar varias veces? Es más probable que me quede contigo. ¿Entraste en mi vida cuando estaba tomando una decisión importante? No permanecerás.

Las exigencias a las que te someto, me las he hecho mil veces antes de hacértelas a ti. Llega un momento en el que me reclamo hasta la posición para dormir. ¿Has notado mi cojera? No te imaginas la cantidad de castigos a los que me he sometido por ello. Porque “vigilar y castigar” es un proceso que va de lo general a lo particular y cada uno de nosotros encontramos cierto placer en descubrirnos insuficientes. Vamos, que el vacío también es consuelo de que lo que eres ahora no materializa en absoluto todo lo que podrías llegar a ser. Ni siquiera demuestra todo lo que has hecho o visto a lo largo de tantos pasos en esta y tierras ajenas.

Entiendo, por ende, el porqué te gusta acaparar la atención. Entiendo el porqué vives compulsivamente comiendo, comprando, cogiendo, bebiendo, viajando, trabajando a un ritmo para el cual no nacimos, pero que desde ese momento consumes con desesperación.

 

Entiendo tu desesperación.

 

Add your Comment