La muerte de la memoria

“No hay nada rigurosamente inmortal salvo la inmortalidad: lo que no tiene principio puede estar seguro de no tener fin.”– T.Browne.

 

Hay días en los que es fácil olvidar que cada minuto de vida es realmente uno de muerte. Muerte prolongada.  Hay días en los que ni siquiera la reiteración de la muerte es consuelo suficiente. Y entonces la muerte se burla de lo relativo. Y entonces la muerte parece ser el único sentido, la única causa y el único fin. Y entonces la muerte debería ser de resignación fácil. Y entonces la muerte es lo único certero. Y entonces la muerte no es la misma para cada persona porque las cajas de los muertos no están hechas de madera.

Las cajas de los muertos son los mismos muertos. Los monumentos se burlan de la soberbia de las personas a las que estaban dirigidos en un principio. Las calles reciben nombres de personas memorables para convertirse en calles memorables y nada más. Llegar por Miramontes no significa que hayamos llegado por un él, sino a través de una ella.

A pesar del temor a la muerte absoluta, también hay temor a la perpetuidad. Se huye del asco a ser reconocido como un conjunto y no como una individualidad. Si tan sólo los muertos anónimos pudieran separarse de un recordatorio que raya en lo insultante por ser falso. Los pacientes de Hipócrates y los caballos de Aquiles son aquellos que fueron asesinados en sus tumbas a causa de la forma en la que han sido inmortalizados. Los personajes como Pilatos viven de envidia por no haber muerto en el anonimato. Las estrellas de las constelaciones tampoco tienen lugar asegurado en un espacio en el que hace años ya han muerto. Ni hablar de los conformistas, como Job, aquéllos que se contentan con la vida de un aborto.

Ahí está: la prosa de Browne. Ahí está: su poesía en prosa. Ahí está: proyectando verdades sin necesidad de atarlas al cohete de un verso. Y ahí estoy yo: leyéndolo. Escuchándolo con la voz de Borges. Reconociéndolo en la voz de Poe: “¿Qué canción cantaban las sirenas? ¿Qué nombre había tomado Aquiles cuando se escondía entre las mujeres?”.  Para él la salvación estaba en Dios. La inmortalidad: lo incivil que los paganos llaman Diosa por rebelarse ante la civilización. Las cajas de los muertos son los mismos muertos con hierba atravesándoles el tórax.

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