Tú no eres de oficina

Sabes que no es natural estar sentado tanto tiempo.

Que el cansancio que sientes te hace equivocarte hasta en el calcetín que debes usar.

Que si has de desgastarte, preferirías que no fuera por un sueño ajeno.

Sabes que cada día que pasa, lamentas el momento en el que te convenciste de que esto era lo mejor para ti.

Tienes la completa seguridad de lo que quieres: viajar, tener un lugar donde dormir, un desayuno preparado por alguien más y, ya que no pediste nacer, tener la capacidad de decidir qué hacer con tus minutos.

Y la tienes.

Fue tu decisión sentarte por tanto tiempo.

Fue tu decisión tolerar a las personas que sacaban hasta la última gota de tu espíritu para mantener sus sueños mal construidos de pie.

Fue tu decisión elegir el medio por el cual obtener los recursos financieros para acercarte a las cosas que quieres.

Y te desviaste.

Perdiste la paciencia.

Cada día callas menos porque sabes que el tiempo sigue corriendo.

Sabes que si el día de mañana dejas de existir, no tendrá ningún efecto ni en los sueños ajenos ni en el mundo; pero si recuperas la determinación para luchar por lo que quieres, tendrás efecto en ti.

Sólo eres responsable de ti.

Tú no naciste para estar en una oficina.

No naciste para contar el tiempo en el que comienzas a aburrirte de un lugar y sus personas, y romper tu propio récord.

Eres de paso firme y pie ligero: naciste para creer en ti, para moverte, para dejar de pensar en el “deber ser” y alejarte de aquello que no se alinea con tu mentalidad y forma de existir.

Naciste para romperla en tu propia vida y, te lo voy a recordar, en una oficina no lo vas a lograr.

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  1. Benjamín 3 mayo, 2018

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