Ofrezco amarte

No voy a engañar a nadie

Pensé en todas las veces en las que me he entregado al amor y al estereotipo de la gente que, como tú y como yo conocemos muy bien siente y da demasiado. Contrasté la historia de ambas y fantaseé durante mucho tiempo con la idea de que nos hubiésemos acompañado en esos momentos.

Barajé una y otra vez la cantidad de cosas, palabras y hechos que te dedicaría porque quedé prendida de tu nobleza desde el momento en que vi tu cara y la besé.

Creí que explotar a tu lado sería la muestra de amor más grande que podría ofrecerte y lo hice. Exploté.

Sin embargo, eso no sería ni de cerca la mayor prueba de amor.

Te escuché y vi en tus ojos el brillo de quien hiere y es herido, pero no reclama consuelo.

Vi tu mano raspada con una ampolla completamente al descubierto. Reconocí que las circunstancias convertían mi piel en una pared rugosa que agoniza al tacto.

Nos vi tiempo después abrazadas con la sal que escurría por nuestros cuerpos concentrándose bajo nuestros párpados.

Que sí, que si decisiones se trata, me encantaría quedarme y lo haré, pero no de una forma en la que lo que nos lastima es inamovible.

La mayor prueba de amor que puedo darte es irme.


Me ha costado trabajo admitir mis emociones y mientras siga queriendo reprimirlas, seguiré equivocándome.

No me es extraño el tener altibajos extremos en los que paso de la mayor felicidad a ideaciones oscuras de mi muerte. Oscilar no me es ajeno. Sin embargo, el estar tan feliz y enamorada y a la par estar frente al duelo de una ruptura que no quería aceptar, me estuvo moviendo tanto que ni siquiera me percaté de la manera en la que estaba afectando mi día a día.

Hoy lo reconozco. Me acepto, me perdono y me amo, así como a todas las decisiones que he tomado durante los últimos días; pues de otra manera, seguiré pasando semanas sin dormir y seguiré proyectando mi duelo en las personas a mi alrededor.

Admito mi amor y admito mi dolor.

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