Manual para dejarme ser miserable en paz

Lo que estás a punto de leer es un berrinche terrible que probalemente no tiene ningún sentido. Advertido estás.

Las conversaciones y preguntas por compromiso son asquerosamente hermosas. Sobre todo porque algunos de nosotros nos las tomamos demasiado en serio.
Una sonrisa sarcástica o una ligera dilatación de pupilas son suficientes para que confíe en que los “¿cómo estás?” de cualquier persona son sinceros. Y, ya que hablamos de sinceridad, evidentemente no puedo responsabilizar a los demás por no querer escuchar una respuesta transparente.

Estoy acostumbrada a ser “demasiado” y es algo que gusta/disgusta de la mayoría de las personas que estamos diagnosticadas con TLP (les dejo por aquí una carta al respecto). Sentirás al conocernos cómo una avalancha se cierne frente a ti. Te enamorarás o detestarás cada vez que abramos la boca para hablar sobre nuestras vidas. Será como caminar sobre cáscaras de huevo: cada pregunta, cada canción, parece detonar en la persona que tienes enfrente una experiencia traumática que, la neta, no quieres escuchar. Y está bien. Te juro que si yo pudiera despegarme de esa sensibilidad a carne viva, lo haría: yo tampoco me escucharía, de no ser porque es algo inherente a mí. No, no estás obligado a escucharme y tampoco lo estás a mantener una small talk conmigo si es que temes que intime contigo porque soy incapaz de gobernarme. Pero si lo vas a hacer, te dejo un manual que quizá pueda serte útil la próxima vez que mantengas una plática por compromiso y ésta se torne un poco más profunda:

  1. Piénsalo bien. ¿En verdad quieres saber la respuesta a lo que estás preguntando? Considera todas las vertientes y si realmente te encuentras en una posición receptiva como para mantener una conversación con cualquiera. Somos un animal político y existirán las ocasiones en las que no puedas evitarlo, pero te tengo una solución increíble: procura mantener tus preguntas neutras y sobrevivirás. Lo más seguro es que la persona de enfrente tampoco quiera conversar contigo, entonces puedes esperar respuestas de “sí” o “no”.
  2. Controla tu jeta. Si ya te atreviste a preguntarle a alguien cómo se siente, al menos ten la decencia de hacerlo sin que tu cara delate que te produce malestar físico el siquiera tener que hacer la pregunta. Vamos, que nadie te obliga, y si esa persona te importa, cuando realmente quieras saber la respuesta puedo asegurarte que no obtendrás la verdad.
  3. Escucha. Sólo escucha. No necesitas dar consejos. Te lo juro. Gracias a este punto he podido reunirme con personas maravillosas sin la necesidad de verme inmersa por sus propios infiernos. Escuchar es curativo para ambas partes. No fomentar la toxicidad de la persona que estás escuchando es imprescindible: si notas que pide tu opinión para que le hagas segunda y no es algo que se mantenga fiel a tus principios, abstente. Ya haces bastante simplemente escuchando.
  4. No lo hagas sobre ti. Mostrarte empático sin duda fortalecerá lazos, hará sentir a la persona comprendida y tú te sentirás menos solo, pero recuerda que si estás escuchando y compartiendo, no tienes que hacer la conversación sobre ti. No estás compitiendo para ver quién ha vivido más. No monopolices la conversación justificando tu egoísmo con preguntas por compromiso.
  5. No minimices.  Todos nos sentimos/hemos sentido dlv. Con sus respectivas excepciones. Recordar que “todos hemos pasado por eso”, “todos somos demasiado sensibles”, no ayudará de forma inmediata. Valida los sentimientos de la persona, reconoce lo que está viviendo y recuerda que eres incapaz de sentir lo que siente, lo mejor que puedes hacer es aceptar lo que la otra persona está sintiendo sin juzgarla.
  6. No asumas. Leer a los demás puede ser engañoso, te lo digo yo que sigo descubriendo cómo me miento a mí misma en el reflejo. Una parte del cuadro no define el panorama completo. Conocer una o varias de las circunstancias de la persona no te da la llave de su vida. Tal vez esa persona que parece no tener preocupaciones o dificultades lleva sobre los hombros una carga más pesada de la que quisiera admitir.
  7. Respeta. Sé leal a lo que la otra persona te está confiando y no lo divulgues. Sólo… no lo hagas.
  8. Sé miserable y deja ser miserable. Que nadie debe quedarse estancado en un pozo sin fondo es más que obvio, pero intentar negarse a la tormenta es igual de dañino que ahogarse en un vaso con agua. La diferencia es que, sonriendo, la luz te cegará de aquello que tengas que resolver. Deja que la oscuridad te arrastre, te abrase, te enseñe. Deja que el llanto y el dolor se manifiesten en tus ojos. Acéptalo. Supéralo. Soluciónalo. Sigue adelante. Y permíteles a los demás el derecho a hacer lo propio.

Readers Comments

  1. Daniela Chowell 9 enero, 2018
    • azyarizo 10 enero, 2018
  2. MOSADnet 24 junio, 2019
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  3. SARAnet 18 julio, 2019
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  4. Worcesternet 15 agosto, 2019
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