Pool Parties

Llega una hora específica de la tarde en la que todos los baños públicos de la ciudad están ocupados. Las filas para poder entrar se confunden con entradas de antros. Luz y sonido. ¿Qué es compartir un baño sino eso? Una fiesta de olores variando según las últimas comidas de los invitados. Los excusados tienen una sincronía. La música se compone de máquinas de viento, esfínteres excitados, papeles rasgándose con la misma prisa con la que circulan gases expulsados salvajemente a través de colinas de grasa. La luz parpadea en los accidentes: abrir cubículos ocupados; desperdiciar el último cuadrito del rollo; vomitar inmoralidades; llegar a un asiento con decoración café, roja y amarilla; no llegar siquiera.

En la puerta, aquella mujer de azul grita:

—Pinche vieja, ¿no ve que estoy trapeando?
La “pinche vieja” la barre con un:

—Para eso le pagan.

Y ambas están hartas de la mierda de la gente.

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