Recházame

No soy de las que se quedan con las ganas, en ningún sentido.

Las personas similares a mí y aquellas que estén dispuestas a dar el todo por el todo me nutren, pero, a la vez, me aburren. Por más que arda en deseos de cualquier tipo y, sí, me aproveche de las circunstancias y la gente con más frecuencia de la que me gustaría aceptar, en realidad lo que me fascina es el rechazo.

Genuinamente no me han dicho que no y oportunidades para destruirme y destruir a las personas a mi alrededor sobran. Como les pasa a todos. Lo único que me preocupa es notarlo y sentirme atraída por ello. Por el aparente poder que tengo sobre el otro y la capacidad de engaño que significa aceptar un rechazo tibio o falta de límites que rápidamente pueda cruzar… desafiar con reacciones químicas del cuerpo.

El rechazo me seduce por todo lo que conlleva: la posibilidad de tomarme algo como reto personal, concretarlo e irme sin más. Estoy consciente de que esta atracción se debe a algún issue con la autoridad y el poder, y es que así como me fascina someterme a otra persona para al final levantarme sin dejarle terminar, también me encandila ser quien tenga la iniciativa para destrozar los muros de la fantasía políticamente incorrecta y la realidad.

Quiero lastimarte. O mejor aún, quiero verte cuando alguien más te lastime. Porque, tengo que ser sincera: es probable que enloquezca mejor sola, exhibiéndome o atestiguando, que al lado de cualquier persona.

 

El verte disfrutar me basta, pero, si no es mucho pedir, recházame antes.

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